Horizonte
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Seminario Interdiocesano María, Madre de la Divina Providencia
Sábado de la I semana de Cuaresma
10 minutes Posted Mar 4, 2023 at 8:00 am.
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Deuteronomio 26, 16-19

“Hoy te manda el Señor tu Dios poner en practica estas leyes y preceptos. Guárdalos y ponlos en práctica con todo tu corazón y toda tu alma…”

-  Este fragmento Del libro de deuteronomio nos presenta un particularismo tipo de “pacto”: No se trata de un pacto entre 2 hombres sino entre un Dios y un pueblo, entre el Dios fiel e Israel. Es un pacto “teológico” en el que los contrayentes están en distinto plano. Se ha manifestado la experiencia que Israel tiene de Dios: Dios no es un ser absoluto lejano inaccesible; Dios es comunión, es voluntad de salvación para el pueblo que él ha elegido. Es él quien toma la iniciativa de la elección por puro amor gratuito con el pueblo. Es él quien da a Israel leyes y mandatos que constituyen un camino de vida y un modelo de sabiduría para los individuos. Acoger la gracia y corresponder por medio de la obediencia a la voz del Señor es la respuesta fiel que pide Dios a Israel.

Mateo 5, 43-48

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. de este modo seréis dignos hijos de vuestro padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos e injustos. porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa merecéis? ¿no hacen también eso los publicanos?”

-  El libro del levítico manda el amor al prójimo y prohíbe la venganza y el rencor “contra los hijos de tu pueblo” (lv 19,18): por prójimo” probablemente hay que entender aquel con el que se vive y pertenece a la misma etnia. lo añadido, “odiarás a tu enemigo”, no proviene del Antiguo Testamento ni de las enseñanzas rabínicas pero expresa en concreto el modo con que el hombre de a pie reciba el mandato. Jesús, por el contrario, pide una caridad sin restricciones, una oración que abarque a todos, también a los que nos hacen sufrir. El fundamento es el amor gratuito e incondicionado que nosotros recibimos de un Dios que es padre y nos quiere hijos semejantes a él en el obrar el bien y en preocupar el gozo a los demás. Dios ha sellado con su pueblo un pacto de alianza recíproca, pidiéndole observar sus leyes y normas con todo el corazón. Jesús nos muestra la meta de esta obediencia: llegar a ser hijos semejantes al padre, perfectos como él es perfecto. Cristo nos revela que es misericordia con todos, gratuidad universal, bondad que supera cualquier medida humana. por lo tanto, entender a la perfección significa conformar nuestro corazón con el del padre, que derrama bienes sobre todos sin hacer distinción entre buenos y malos, justos e injustos, agradecidos e ingratos.

Jesús nos dice dos cosas: primero, mirar al Padre. Nuestro Padre es Dios: hace salir el sol sobre malos y buenos; hace llover sobre justos e injustos. Su amor es para todos. Y Jesús concluye con este consejo: “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”.

Por lo tanto, la indicación de Jesús consiste en imitar al Padre en la perfección del amor. Él perdona a sus enemigos. Hace todo por perdonarles. Pensemos en la ternura con la que Jesús recibe a Judas en el huerto de los Olivos, cuando entre los discípulos se pensaba en la venganza.

Jesús nos pide amar a los enemigos. ¿Cómo se puede hacer? Jesús nos dice: rezad, rezad por vuestros enemigos. La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; sino también cuando percibimos alguna antipatía, alguna pequeña enemistad.

Es cierto: el amor a los enemigos nos empobrece, nos hace pobres, como Jesús, quien, cuando vino, se abajó hasta hacerse pobre. Tal vez no es un «buen negocio, o al menos no lo es según la lógica del mundo. Sin embargo es el camino que recorrió Dios, el camino que recorrió Jesús hasta conquistarnos la gracia que nos ha hecho ricos. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 21 de junio de 2013, en Santa Marta).