Horizonte
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Seminario Interdiocesano María, Madre de la Divina Providencia
Lunes de la II semana de Cuaresma
10 minutes Posted Mar 6, 2023 at 8:00 am.
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Daniel 9, 4b-10

“pero el Señor; nuestro Dios, es misericordioso y Clemente, aunque nos hallamos rebelado contra él y no hayamos escuchado su voz ni seguido a las leyes que nos dio por medio de sus siervos los profetas.”

-  Daniel reconoce la grandeza y la maravilla de Dios, quien es fiel en guardar Su pacto y mostrar misericordia a aquellos que lo aman y guardan Sus mandamientos. Daniel confiesa que el pueblo de Israel ha pecado, ha sido malvado y se ha rebelado contra los mandamientos y leyes de Dios. No han obedecido a los profetas que hablaron en el nombre de Dios a sus reyes, príncipes, antepasados ​​y todo el pueblo de la tierra.

-  Daniel reconoce que Dios es justo y que el pueblo de Israel se avergüenza hasta el día de hoy por su traición a Dios. Han sido esparcidos por todas las tierras a causa de sus pecados. Daniel y el pueblo de Israel se avergüenzan de sus pecados y reconocen que han pecado contra Dios, como sus reyes, príncipes y antepasados.

-  Daniel reconoce que a pesar de que se han rebelado contra Dios y no han obedecido Sus leyes dadas a través de Sus profetas, Dios es compasivo y perdonador. Él pide la misericordia y el perdón de Dios, reconociendo que han pecado y se han alejado de Él. Este pasaje destaca la importancia del arrepentimiento y el reconocimiento de los pecados ante Dios. También muestra que a pesar de que el pueblo de Israel ha pecado contra Dios, Él es compasivo y perdona si se vuelven a Él y buscan Su perdón.

Lucas 6, 36-38

“sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso.”

-  En este texto del evangelio, Jesús tiene la intención de mover nuestros corazones en una sola dirección: el amor a nuestros enemigos. "¡Qué fácil es amar a los que nos aman!", dirá en otra ocasión. Sin embargo lo más difícil del amor cristiano es vivirlo con los que no nos corresponderán, con los que nos insultan o persiguen, con los que hablan mal de nosotros a nuestras espaldas, con los que luchan por arrebatarnos nuestro puesto de trabajo: nuestros enemigos.

La consigna que nos envía Jesucristo es muy clara: "Sed misericordiosos". Un corazón que no perdona no es un corazón cristiano sino que es un corazón que no agrada ni da gloria a Dios. Por eso Cristo dirá en otra ocasión que si cuando nos acercamos a Dios para rendirle una ofrenda recordamos una enemistad con alguno de nuestros hermanos, primero debemos reconciliarnos con él, y después realizar la ofrenda.
Practiquemos estas dos virtudes que nos propone Jesús en nuestra vida: la misericordia y la benevolencia. Propongámonos que en ninguna de nuestras conversaciones, charlas o discusiones se mezcle jamás la más mínima crítica hacia ninguno de nuestros hermanos, que son todos los hombres.

En una época de emergencia educativa, en la que el relativismo pone en discusión la posibilidad misma de una educación entendida como introducción progresiva al conocimiento de la verdad, al sentido profundo de la realidad, por ello como introducción progresiva a la relación con la Verdad que es Dios, los cristianos están llamados a anunciar con vigor la posibilidad del encuentro entre el hombre de hoy y Jesucristo, en quien Dios se ha hecho tan cercano que se le puede ver y escuchar. En esta perspectiva, el sacramento de la Reconciliación, que parte de una mirada a la condición existencial propia y concreta, ayuda de modo singular a esa “apertura del corazón” que permite dirigir la mirada a Dios para que entre en la vida. La certeza de que él está cerca y en su misericordia espera al hombre, también al que está en pecado, para sanar sus enfermedades con la gracia del sacramento de la Reconciliación, es siempre una luz de esperanza para el mundo. (Benedicto XVI, 9 de marzo de 2012).