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Podemos ser los predicadores más exitosos (o profetas como Jonás) y no conocer bien la Gracia de Dios.
De hecho, los miedos, prejuicios y crisis emocional de Jonás surgen de su ceguera ante la realidad de la Gracia. Es por esto que huye a Tarsis.
Algo similar sucede con nosotros. Nuestra ignorancia de la profundidad de la gracia provoca nuestros problemas más graves, y es por eso que es fundamental que la entendamos en su amplitud.
La comprensión de la Gracia produce gozo, libertad y disposición de hacer el bien a todos, ya que Dios te ha mostrado esta misma gracia. La gracia no nos conduce hacia un relajamiento moral como algunos creen, sino que que despierta el amor en nosotros y el amor nos llevará a querer complacer a Dios.


