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Toda la Biblia apunta hacia Jesucristo y el libro de Jonás no es la excepción.
Y aunque en la historia de Jonás vemos muchas tipologías con Jesús, vemos, sin embargo, que el profeta desenfocó su mirada de Dios y se centró más en sí mismo, y en sus propios intereses. Esto explica su decepción de Dios, su desobediencia, su ira por la "no destrucción" de los ninivitas y que a pesar del éxito de su predicación, él se amargara al punto de querer morir.
Y es que cuando perdemos el enfoque en Dios, somos más frágiles espiritualmente, es más fácil dejarnos seducir por el poder, el amor al dinero o la lujuria.
En contraste con Jonás, Jesús nos deja el ejemplo a seguir. Por eso la Biblia exhorta a que fijemos la mirar en Él.



