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Cristo tomó nuestro lugar: el Justo murió por los injustos, cargando sobre sí la culpa que nos correspondía y recibiendo en la cruz el juicio que merecíamos, para que nosotros, unidos a Él por la fe, recibiéramos la justicia que no podíamos producir. “Mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías


