unaVidaReformada
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samuel hernández clemente
El gran RESCATE
40 minutes Posted Jul 23, 2026 at 8:56 pm.
)La historia de la redención puede resumirse en una sola palabra: rescate. El evangelio no narra el esfuerzo del hombre por encontrar a Dios, sino la iniciativa soberana de Dios para rescatar al hombre. Cristo no descendió al mundo para mejorar a personas extraviadas, sino para salvar a pecadores muertos en sus delitos y pecados (Efesios 2:1). No vino a ofrecer un consejo espiritual, sino a consumar una obra perfecta de redención. El Hijo del Hombre declaró el propósito de su misión con absoluta claridad: "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10).El rescate de Cristo no es una metáfora sentimental, sino una realidad histórica, jurídica y espiritual, adquirida a un precio infinito: su propia sangre.AHORA SOMOS DE CRISTONuestra mente, nuestras palabras, nuestro trabajo, nuestros recursos, nuestras familias y nuestros días ya no son nuestros. Han sido comprados por un precio infinito. Como exhorta el apóstol: "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios." (1 Corintios 6:20)El gran rescate culminará cuando el pueblo adquirido por la sangre del Cordero esté reunido delante de su trono, procedente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Entonces la iglesia comprenderá plenamente que jamás fue autora de su salvación, sino objeto de una misericordia inmerecida. Hasta ese día seguimos proclamando el evangelio del Gran Rescate: Cristo descendió hasta nuestra miseria para llevarnos a su gloria; tomó nuestra condenación para darnos su justicia; derramó su sangre para hacernos libres; nos rescató de las tinieblas para hacernos herederos de su Reino eterno. Porque la salvación tiene un precio. Nosotros no lo pagamos. Lo pagó el Cordero de Dios.
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"Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en RESCATE por muchos" (Mar 10:45)La historia de la redención puede resumirse en una sola palabra: rescate. El evangelio no narra el esfuerzo del hombre por encontrar a Dios, sino la iniciativa soberana de Dios para rescatar al hombre. Cristo no descendió al mundo para mejorar a personas extraviadas, sino para salvar a pecadores muertos en sus delitos y pecados (Efesios 2:1). No vino a ofrecer un consejo espiritual, sino a consumar una obra perfecta de redención. El Hijo del Hombre declaró el propósito de su misión con absoluta claridad: "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Lucas 19:10).El rescate de Cristo no es una metáfora sentimental, sino una realidad histórica, jurídica y espiritual, adquirida a un precio infinito: su propia sangre.AHORA SOMOS DE CRISTONuestra mente, nuestras palabras, nuestro trabajo, nuestros recursos, nuestras familias y nuestros días ya no son nuestros. Han sido comprados por un precio infinito. Como exhorta el apóstol: "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios." (1 Corintios 6:20)El gran rescate culminará cuando el pueblo adquirido por la sangre del Cordero esté reunido delante de su trono, procedente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Entonces la iglesia comprenderá plenamente que jamás fue autora de su salvación, sino objeto de una misericordia inmerecida. Hasta ese día seguimos proclamando el evangelio del Gran Rescate: Cristo descendió hasta nuestra miseria para llevarnos a su gloria; tomó nuestra condenación para darnos su justicia; derramó su sangre para hacernos libres; nos rescató de las tinieblas para hacernos herederos de su Reino eterno. Porque la salvación tiene un precio. Nosotros no lo pagamos. Lo pagó el Cordero de Dios.