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La perseverancia es la gracia de Dios obrando en el creyente para perseguir la madurez con determinación, una determinación que se traduce en permanencia firme y aguante paciente en medio de pruebas, sequedades y combates del alma. Como está escrito: “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses



