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La muerte, aunque dolorosa por el luto, la separación y la despedida que provoca en quienes quedan, es para los redimidos de Cristo un paso hacia el alivio, la victoria y la ganancia eterna. 1. LA MUERTE es una separación momentánea.La muerte, desde la perspectiva cristiana, no es más que una separación temporal del cuerpo y el espíritu. El alma del creyente entra inmediatamente en la presencia de Dios, mientras que el cuerpo, sembrado en corrupción, descansa en la tumba, esperando la resurrección gloriosa (2 Corintios 2. LA MUERTE es un punto y coma, no un punto final.Para el creyente, la muerte no es un fin absoluto, sino un "punto y coma" en el curso de la vida eterna, en el sepulcro no se encuentra el final de nuestra historia, queda pendiente una eternidad. En Cristo, hemos pasado de muerte a vida (Juan 3. ESPERAMOS la resurrección de los muertos y la vida perdurableLa esperanza cristiana no se limita a la inmortalidad del alma, sino que se extiende a la resurrección gloriosa del cuerpo. Esperamos con ansias el día en que Cristo, quien es "la resurrección y la vida" (Juan NINGUNA TUMBA será una morada definitiva.En cada tumba, se leen dos fechas: la del nacimiento y la del fallecimiento, que marcan los límites de la vida terrenal. Pero hay una fecha aún no inscrita, una que será compartida por todos los redimidos y que cambiará la historia del universo: el día de la gran resurrección. En ese día glorioso, los cuerpos dormidos en Cristo serán levantados incorruptibles, y aquellos que aún vivan serán transformados. Esta será la verdadera culminación de nuestra esperanza, cuando los redimidos de Cristo despierten a la vida eterna en los cielos nuevos y tierra nueva. Como dice la Escritura, "muerte es tragada en victoria" (1 Corintios



