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El gozo cristiano que une a los creyentes no es algo que pueda ser producido por esfuerzos humanos, estructuras institucionales o activismo religioso. No se puede fabricar por métodos, programas o actividades, porque este gozo proviene exclusivamente de una relación personal con Jesucristo. Es el resultado de comprender nuestra redención por medio de Su sangre y de experimentar la renovación que viene de su gracia perdonadora.Intentar generar gozo mediante el esfuerzo humano es un intento vano. Como dice el Salmo El apóstol Juan, en su primera epístola, nos revela una verdad fundamental sobre la vida cristiana: el gozo que experimentamos como hijos de Dios está profundamente arraigado en nuestra relación con Él, en la redención que nos ha sido otorgada por medio de Cristo y en la continua renovación de nuestras vidas por la gracia divina. 1 Juan Así, la clave para vivir en el gozo cristiano no está en el activismo o la autoexigencia, sino en vivir en comunión con Cristo, recordando que Él es nuestra paz, nuestro redentor y nuestro renovador. ¡En Él está la fuente de todo nuestro gozo!



