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La doctrina de la santificación es una de las más desafiantes de la vida cristiana, pues demanda pasar de la teoría a la práctica. Vivir en santidad no es un proceso pasivo ni automático, sino que requiere la participación activa de cada cristiano. De hecho, la Biblia utiliza metáforas de esfuerzo físico y batalla para describir este proceso: la vida cristiana es una "carrera" que debemos correr con perseverancia (Hebreos Dios nos ha dado todo lo necesario para nuestra santificación, pero así mismo nos hace responsables de avanzar en ella. Filipenses La santidad no es algo que obtenemos de manera pasiva, sino con “sudor y esfuerzo”, siempre bajo la gracia de Dios, en su poder y providencia. Si queremos crecer en santidad, debemos estar dispuestos a esforzarnos, a correr la carrera con perseverancia, a luchar la buena batalla de la fe. La santificación no ocurre de la noche a la mañana, pero si seguimos buscando sabiduría, actuamos con urgencia, nos determinamos a seguir adelante, obedecemos a Dios y asumimos nuestra responsabilidad, podremos ver cómo Dios nos transforma día a día, conformándonos a la imagen de Su Hijo.Como dijo John Owen: “Mata el pecado o el pecado te matará”. No dejemos de "sudar" en nuestra búsqueda por la santidad.



