Show notes
Una trampa y un verdugo es todo vicio y adicción - destruye vidas, arruina hogares y frustra corazones. Muy poco es lo que dura el vano éxtasis de la droga, demasiado pronto pasa el estupor del alcohol - y entonces viene la desesperación por un trago más, una dosis más; una nueva sustancia o un viaje más intenso... cada vez más caro, cada vez más miserable y hueco; esclavitud y tortura es lo único que termina siendo. Pero el vicio es solo el síntoma, no es el problema de fondo en realidad - es el intento de saciar un hambre voraz; la desesperación por llenar un hueco que crece más y más: el famélico vacío del alma que nada ni nadie más puede llenar sino solo Aquel que es agua viva y divino maná. Un redimido de Cristo puede despojarse de todo vicio, pues ha encontrado salvación y saciedad; las cadenas de toda adicción carnal son deshechas por el poder del Espíritu de Dios. "Dad la sidra al desfallecido, Y el vino a los de amargado ánimo." (Pr 31.6)"¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida;" (Is "No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu," (Ef 5.18)



