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Jeremías Cada uno de nosotros se parece a una de estas dos imágenes; a un árbol frondoso plantado junto a una corriente de agua que le sustenta y le nutre, o nos parecemos a un arbusto seco sin fruto ni sustento que apenas se mantiene en medio del desierto. ¿Cuál es tu caso?En la misma analogía, hay un SOL radiante, produciendo calor, dificultando la vida – ese sol representa todo aquello que duele, que cansa, que incomoda y desespera; representa la miseria y la fragilidad de la vida que experimentamos con cada dolencia, en cada carencia, tras cada pérdida y por cada contratiempo – se trata del CALOR de la vida. ¿Cómo reaccionamos a él? ¿Cómo nos las arreglamos CUANDO CALIENTA EL SOL?He aquí el manual de sobrevivencia al embate del calor de la vida: No me quejo, No me amargo, No hago dramas, No me empodero…La clave está en aferrarnos a Cristo y su evangelio, dejar de culpar al entorno de lo que en realidad es nuestra responsabilidad, y dejar de esperar a que las circunstancias mejoren para comenzar a ser felices. En Cristo podemos encontrar dicha, aún bajo el sol más extenuante y a pesar del calor más intenso; él es el agua viva que sacia, que fortalece y constantemente nos abastece de la gracia suficiente para prevalecer frente a las más extremas condiciones de esta vida.Cuando calienta el sol es el mejor momento para ejercitar la gratitud, para perseguir el contentamiento, para aferrarnos al evangelio y para confiar en Dios.El Señor me ha sido por refugio, Y mi Dios por roca de mi CONFIANZASalmo Bendito el varón que CONFÍA en el Señor, y cuya confianza es Dios. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el CALOR, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.Jeremías



