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La naturaleza nos inspira en muchos sentidos. De algún modo, nos refleja y nos recuerda que nosotros también estamos hechos de lo mismo. La montaña es estabilidad, quietud y silencio. Todo tipo de fenómenos ocurren a su alrededor pero la montaña no se perturba. No rechaza nada, acepta todo sin perder su armonía.
Lo mismo nos pasa a nosotros. Todo puede suceder, pueden haber pensamientos, estados de ánimos, sensaciones físicas, experiencias dolores y alegres, pero la profundidad no se altera, se mantiene ecuánime. Somos consciencia, presencia, silencio y quietud. Somos la Montaña.



