Show notes
Cada cambio de gobierno en Chile se convierte en una barrida absurda de talento profesional, sacrificando experiencia y continuidad en nombre de la trinchera política. Explico cómo esta práctica silenciosa desarma al Estado cada cuatro años, destruye políticas públicas y nos condena a comenzar desde cero, sin importar quién gane. Jara o Kast no son el problema central: el verdadero cáncer es la rotación ideológica disfrazada de gestión. El país no avanzará mientras confundamos gobernar con repartir puestos. Exijamos meritocracia, continuidad y profesionalismo. Porque Chile no merece improvisación eterna; merece memoria, estabilidad y futuro real.



