La Libreta de Nico
La Libreta de Nico
Nicolás Della Vecchia
Regreso a San Miguel (o el por qué de mi ausencia)
8 minutes Posted Aug 24, 2022 at 4:55 pm.
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Regreso a San Miguel, por Nicolás Della Vecchia.

El lunes treinta de mayo bajaba en el ascensor de mi edificio en Madrid, muy feliz, preparando un nuevo capítulo de la libreta de Nico con todo lo vivido en el torneo de la Premier en Roma.

En la suntuosa capital italiana. En su afamado foro itálico, en sus tribunas, y sobre todo, dentro de la pista central donde se disputó uno de los mejores torneos de pádel que yo recuerde.

Por el marco, por la excelencia, por lo vivido fuera, en la tribunas, y dentro, en la pista con una de las mejores finales que se recuerden.

Sin embargo, el destino, tenía preparada una jugada muy diferente.
Suena mi móvil, me pongo contento porque en la pantalla aparece el nombre de mi ahijado Fer.

Su voz, un poco más seria de lo habitual, me adelantaba que tenía que hablar conmigo. En el ascensor no iba a escucharlo bien, por lo que le dije que en 3 minutos lo llamaría.
Cuando pude hacerme un espacio, lo llamé. Yo, feliz, radiante. Por todo lo acontecido y lo vivido en Italia. Me dice: "atropellaron a la abuela."

A su abuela. Es decir, a mi madre.

Pareció que el edificio se me caía encima.

Y por unos instantes no supe qué decir.

A mí, que generalmente me sobran las palabras, me sobran las ideas, me sobran los pensamientos. No tenía la lucidez, o la valentía, para poder preguntar.

Está bien, me dijo Fernando, está bien. La llevamos al hospital, la están atendiendo.

Y sinceramente, no me quedaba ninguna neurona en funcionamiento.

No tuve ninguna duda de que las cosas no estaban bien. Primero porque en el hospital de San Miguel las cosas no funcionan como deberían. En la sanidad Argentina las cosas no funcionan como deberían. Quizás en todo el mundo las cosas no funcionen en la sanidad como deberían. ¿Por qué iba a ocurrir eso en mi país?

Un país vaciado económica, educativa y hospitalariamente hablando.

¿Entonces?

Repregunté, que pasó Fer? No sabemos muy bien, me respondió tímidamente, la atropelló un coche, pero… Ese tono vacilante era fácil de detectar que no estaba diciendo toda la verdad. Mi madre con noventa años, seguramente, estaría pasándola mal. Y yo todavía tenía que ir a dar clases y seguir con mi rutina de lunes.

Di las clases. Cuando terminaron las clases me puse a hablar, primero conmigo mismo, y luego con mi Rose.

Para establecer un plan.
No quería apresurarme. No quería tomar ninguna decisión de la que luego pudiera arrepentirme. E inmediatamente tomé la decisión de aguardar hasta la mañana siguiente. Esperando que mi fiel compañera, la almohada, me diera la solución esperada.
Fue imposible pegar un ojo.
Y todas las cuestiones pasaron a ser secundarias.

Había muchos muchos temas en el medio. Y no sabía por dónde decidir.

Era evidente que por más que luego hablara con mi madrina, y me diera una versión similar a la de mi sobrino, las cosas no estaban claras todavía.

Y yo preferí estar cerca de mi madre.

Sea lo que fuera que estaba ocurriendo.

Así que tomé el primer vuelo que estaba disponible el miércoles por la noche de Madrid. Y llegué el jueves a la mañana a Buenos Aires.

Mi propio Ahijado me fue a buscar al aeropuerto de Ezeiza y me llevó directamente al Sanatorio donde llegamos a las 8 de la mañana. Justamente ya estaba mi primo hermano Mario. Nos encontramos de casualidad porque había tomado la decisión de quedarme directamente ahí, en el sanatorio. Mi madrina había pasado la noche, cuidando a mi madre y ahora me tocaba a mí.

Pasé una noche terrible. Primero porque llevaba desde la noche del lunes sin dormir. En el vuelo del miércoles dormí mucho menos. Y encima, un tanto incómodo. No es fácil meter un metro ochenta y tres, y más de cien kilos en un asiento de la aerolínea.