Horizonte
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Seminario Interdiocesano María, Madre de la Divina Providencia
Miércoles de la II semana de Cuaresma
10 minutes Posted Mar 8, 2023 at 8:00 am.
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Jeremías 18, 18-20

“¿Acaso se devuelve mal por bien? Pues ellos han cavado una fosa para mí. Recuerda cómo estuve ante ti, intercediendo en su favor; para alejar de ellos tu ira”.

-  El profeta es del Siervo doliente y padece persecución por la fidelidad a su vocación, por el amor a su pueblo, a favor del cual él -nuevo Moisés- se ha atrevido a interceder a pesar de la prohibición del señor. Su confesión es una abandonarse confiadamente en Dios, del único que espera la salvación. Lo que es Jeremías ha hecho “en favor” del pueblo elegido y lo que se formula en su oración se realizará plenamente en el verdadero Siervo de doliente, en Jesús. Los jefes lo ejecutarán efectivamente. Y en ese momento Jesús no solo no pedirá venganza, si no que imperará el perdón, ofreciendo libremente la vida “en favor” de los que le crucificaron.

Mateo 20, 17-28

“Mirad, estamos subiendo a Jerusalén. allí el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley, que le condenaran a muerte y lo entregarán a los paganos, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, pero al tercer día resucitará… el que quiera ser importante entre vosotros, sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero, sea vuestro esclavo, de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos”.

-  Jesús, de peregrinación a Jerusalén, sube a la ciudad Santa perfectamente consciente del final de su camino humano y por tercera vez predice a sus discípulos la pasión. Y lo hace del modo más explícito y desconcertante para la mentalidad de los contemporáneos: no solo se identifica con el Hijo del hombre, figura celeste y gloriosa esperada para inaugurar el Reino escatológico de Dios, sino que, con audacia y autoridad, funde este personaje con otra figura bíblica de signo aparentemente opuesto, la del Siervo doliente.

-  Los discípulos no estaban preparados para comprenderlo y prefieren abrigar perspectivas de éxito y poder. Jesús les explica el sentido de su misión y del seguimiento: ha venido a beber la copa, término que en el lenguaje profético indica el castigo divino reservado a los pecadores. Quien desee los puestos más importantes en el Reino debe, cómo ven, estar dispuesto a expiar el pecado del mundo.

-  ¿Cuándo Dios me presenta que debo dejar algo atrás para poder seguirle, lo hago? ¿Comprendo el significado de muerte, cuando se habla de dejar algo atrás para seguir a Jesús?

A pesar de las palabras de Cristo, los discípulos piensan que es mejor detenerse. Y al mismo tiempo comenzaron a discutir entre ellos «cómo organizar la Iglesia». Es más, Santiago y Juan «fueron a Jesús a pedirle la función de jefe de gobierno». Pero también los demás «discutían y se preguntaban quién de ellos era el más importante» en esa Iglesia que querían organizar. Cristo estaba ante el cumplimiento de su misión mientras sus discípulos discutían sobre «otro proyecto, otro punto de vista de la Iglesia».

El peligro es ceder a la «tentación de un cristianismo sin cruz. Un cristianismo a mitad de camino». Es la tentación del triunfalismo: «Nosotros queremos el triunfo ahora sin ir por la cruz. Un triunfo mundano, un triunfo razonable». «El triunfalismo en la Iglesia paraliza a la Iglesia. El triunfalismo de nosotros cristianos paraliza a los cristianos. Una Iglesia triunfalista es una Iglesia a mitad de camino». Una Iglesia que se contentara con estar «bien organizada, con todas las oficinas, todo en su lugar, todo bonito, eficiente», pero que renegara a los mártires sería «una Iglesia que sólo piensa en los triunfos, en el éxito; que no tiene el estilo de Jesús: la norma del triunfo a través del fracaso. El fracaso humano, el fracaso de la cruz. Y esta es una tentación que todos nosotros tenemos».