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Al momento del nacimiento de Jesús, la humanidad se encontraba destrozada y ensangrentada, necesitada de una mirada sanadora de Dios. Escomo si la humanidad suplicara: “Oh, Dios, ¿podríamos ver tu rostro?” Alenviar a su Hijo a este planeta, el Padre envió al gran Maestro en una misión: mostrar su rostro a la humanidad. Desde entonces, hemos tenido elmaravilloso privilegio de contemplar el “conocimiento de la gloria de Diosen la faz de Jesucristo” (2 Cor.

