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Jonás se arrepintió y sobrevivió a aquella situación tan extrema. Después de una segunda oportunidad que Dios le da, fue a predicar a Nínive, capital de Asiria. Su mensaje: Dentro de 40 días Nínive será destruida.
Para sorpresa de Jonás nadie se rió de él ni lo atacaron. Aunque es difícil de creer, la ciudad entera, incluido el rey, respondió a la predicación del profeta y se arrepintieron de su violencia y maldades. Cómo pudo ocurrir esto? Aunque hay muchas posibles explicaciones, una cosa es segura: El arrepentimiento es siempre obra de Dios.
Lo mismo sucede en nuestra vida. Si bien hay cambios que podemos lograr, hay otros donde somos limitados, pues implica asuntos profundos de nuestro ser. Pero Dios no tiene estos límites, mas bien, es experto en los asuntos profundos del alma.



