El Oyente de la Palabra
El Oyente de la Palabra
Padre Luis M Flores Alva
Este podcast, el Oyente de la Palabra, surge de la convicción de que el Ser Humano solo alcanzará históricamente su realización al cimentar toda su existencia en la Palabra que le motiva e ilumina.
Aprendan de Mí...
El Evangelio de hoy comienza de una manera que fácilmente puede pasar desapercibida.Antes de enseñar.Antes de invitar.Antes de decir una de las frases más hermosas de todo el Evangelio: “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados…”Jesús hace una oración.Levanta su mirada al Padre y dice: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra…”Es un detalle profundamente revelador.Toda la vida de Jesús nace de su relación con el Padre.Primero contempla al Padre.Después revela al Padre.Y finalmente conduce a los hombres hacia el Padre.Este movimiento es también el de toda la vida cristiana.No comenzamos por nuestras ideas.No comenzamos por nuestros esfuerzos.Todo comienza acogiendo lo que el Padre quiere revelarnos por medio de su Hijo.Y aquí aparece una afirmación sorprendente.Jesús dice que el Padre ha escondido estos misterios a los sabios y entendidos y los ha revelado a la gente sencilla.No significa que Dios desprecie la inteligencia.La Iglesia siempre ha amado la razón y la búsqueda de la verdad.Lo que Jesús señala es otra cosa.El verdadero obstáculo para conocer a Dios no es la falta de inteligencia.Es la autosuficiencia.El corazón que cree saberlo todo ya no puede recibir nada.
Jul 4
5 min
El que salve su Vida la perderá
El Evangelio de este domingo contiene una de las afirmaciones más exigentes de Jesús: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí». A primera vista estas palabras pueden parecer duras, como si el Señor quisiera disminuir el valor del amor familiar. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario. Jesús no está enseñándonos a amar menos a nuestra familia; nos está revelando cuál debe ser el fundamento de todo amor verdadero.Todo ser humano organiza su vida alrededor de aquello que considera su bien más grande. Algunos colocan en el centro el éxito, otros el dinero, otros el trabajo, otros incluso a las personas que más aman. Pero el corazón humano sólo encuentra descanso cuando Dios ocupa ese lugar central. Ninguna criatura puede cargar con el peso de convertirse en nuestro bien absoluto. Cuando esperamos que un esposo, una esposa, un hijo o unos padres llenen completamente nuestro corazón, terminamos exigiéndoles algo que sólo Dios puede ofrecer. Por eso Jesús nos invita a ponerlo a Él en el primer lugar, no para quitarnos a quienes amamos, sino para enseñarnos a amarlos de verdad.La primera lectura ilustra esta verdad con gran delicadeza. La mujer de Sunem recibe al profeta Eliseo sin esperar nada a cambio. Reconoce en él a un hombre de Dios y decide abrirle un espacio en su casa. Le prepara una habitación con una cama, una mesa, una silla y una lámpara. Antes de recibir un don, hace lugar para Dios. Y precisamente cuando Dios ocupa ese lugar en su hogar, recibe el regalo que nunca había pedido: un hijo. La Escritura nos enseña así un principio profundamente espiritual: cuando buscamos primero al Señor, todo lo demás encuentra su verdadero lugar. La mujer de Sunem no buscó primero el milagro; buscó primero al Dios que podía habitar en su casa.La segunda lectura profundiza todavía más esta enseñanza. San Pablo recuerda que, por el Bautismo, hemos muerto con Cristo para resucitar con Él a una vida nueva. Ya no vivimos únicamente para nosotros mismos; Cristo se ha convertido en el centro de nuestra existencia. Desde esa nueva vida comprendemos mejor las exigencias del Evangelio. Cuando Cristo ocupa el primer lugar, no amamos menos a nuestra familia, sino mejor. El esposo deja de esperar que su esposa satisfaga todos los deseos de su corazón; la esposa deja de exigir al esposo una perfección imposible; los padres aprenden a amar a sus hijos sin convertirlos en el centro absoluto de su vida, y los hijos descubren que el amor de sus padres tiene una fuente más profunda: el amor mismo de Dios. Cuando Dios ocupa el primer lugar, todos los demás amores encuentran su justa medida.Esta enseñanza adquiere una dimensión muy concreta en la Eucaristía. Cada domingo hacemos exactamente lo que Jesús nos pide en el Evangelio. Antes que el trabajo, antes que nuestras preocupaciones, antes que nuestros proyectos e incluso antes que nuestras relaciones más importantes, venimos a poner a Dios en el centro. No porque la familia sea menos importante, sino porque sólo desde Dios aprendemos a amar verdaderamente a nuestra familia. La Eucaristía es la escuela donde el Señor va ordenando nuestros afectos y enseñándonos cuál es nuestro verdadero Bien Supremo.
Jun 27
5 min
"No Tengan Miedo"
El Evangelio de hoy forma parte del discurso misionero de Jesús en san Mateo.La semana pasada contemplábamos cómo Jesús miró a las multitudes con compasión. Vimos cómo llamó a los Doce y los envió a anunciar el Reino. Pero hoy descubrimos algo muy importante: después del llamado y después del envío aparece inevitablemente una nueva realidad.El miedo.Por eso resulta llamativo que, en tan pocos versículos, Jesús repita tres veces la misma exhortación: “No tengan miedo.”Jesús conoce el corazón humano.Sabe que cuando comenzamos a tomarnos en serio el Evangelio aparecen también las resistencias, las dudas y las inseguridades.A veces tenemos miedo de ser rechazados.Miedo de fracasar.Miedo de no estar a la altura de la misión.Miedo de que nuestros esfuerzos no den fruto.Jeremías conoció bien ese miedo. En la primera lectura escuchamos una de las páginas más humanas y conmovedoras de toda la Escritura. El profeta escucha los murmullos de quienes desean verlo caer. Incluso sus amigos vigilan sus pasos esperando que tropiece.Y, sin embargo, en medio de esa oscuridad, Jeremías hace una profesión de fe extraordinaria: “El Señor está a mi lado como guerrero poderoso.”La fe no consiste en no experimentar miedo.La fe consiste en descubrir que Dios permanece con nosotros incluso cuando el miedo está presente.Por eso Jesús no promete una vida sin dificultades. Lo que promete es algo mucho más grande: su presencia.
Jun 20
6 min
Como ovejas sin pastor.
El Evangelio comienza con una imagen profundamente divina expresada en la humanidad de Jesus: la capacidad de contemplar. Jesús contempla a las multitudes y Mateo nos dice que se compadece de ellas porque estaban “extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor”.La palabra que utiliza el evangelista es muy intensa. El verbo griego splagchnizomai significa conmoverse hasta las entrañas. No se trata de una simple lástima pasajera. Es un amor que se deja afectar por el sufrimiento del otro. Es el corazón mismo de Dios reaccionando ante la miseria humana.Y resulta interesante que hace apenas unos versículos, el domingo pasado, Mateo nos contó cómo Jesús pasó junto a su mesa de recaudador de impuestos y lo vio. Allí comenzó todo. Jesús vio a Mateo donde los demás sólo veían un pecador. Ahora Jesús contempla a toda una multitud y descubre una humanidad cansada, herida y necesitada de guía.La misión nace precisamente de esta mirada. Antes de llamar a los apóstoles, Jesús mira. Antes de enviar, se compadece. Antes de actuar, ama.Porque Dios nunca actúa por obligación. Actúa por amor.
Jun 13
5 min
La Santísima Trinidad
La Solemnidad de la Santísima Trinidad puede parecer, a primera vista, una de las fiestas más difíciles del año litúrgico.Cuando escuchamos hablar de la Trinidad, fácilmente pensamos en una explicación teológica complicada: ¿cómo puede Dios ser uno y tres al mismo tiempo?Sin embargo, las lecturas de hoy no intentan resolver un problema matemático.Nos invitan a contemplar algo mucho más importante: quién es Dios y cómo se relaciona con nosotros.La primera lectura nos lleva al monte Sinaí.Moisés pide ver a Dios.Y cuando Dios pasa delante de él, no le entrega una definición filosófica de su naturaleza.Le revela su corazón.“Yo soy el Señor,Dios compasivo y clemente,paciente,misericordiosoy fiel.”La primera gran revelación sobre Dios no es su poder.Es su amor.Es un Dios que desea caminar con su pueblo,perdonarlo,acompañarloy hacerlo suyo.Toda la historia de la salvación nace de este deseo de Dios de compartir su vida con nosotros.
May 30
5 min
Ven, Dios Espíritu Santo!
Durante todo el tiempo pascual hemos contemplado el camino de Cristo.Lo vimos resucitar de entre los muertos.Lo vimos aparecerse a sus discípulos.Lo vimos ascender al Padre.Y hoy llegamos a Pentecostés.Podríamos preguntarnos:¿Qué sucede ahora?¿Ha terminado la obra de Cristo?¿Ha regresado al cielo dejando a sus discípulos solos?El Evangelio responde claramente que no.Jesús se presenta en medio de ellos y les dice:“La paz esté con ustedes.”Luego sopla sobre ellos y añade:“Reciban el Espíritu Santo.”Pentecostés es la respuesta de Dios a la aparente ausencia de Cristo.Jesús no abandona a los suyos.Permanece con ellos de una manera nueva y más profunda.Durante su vida terrena los discípulos podían caminar junto a Jesús.Podían escucharlo.Podían verlo.Ahora Cristo quiere algo todavía más grande:habitar en ellos.
May 23
5 min
La Ascensión del Señor
La Ascensión del Señor puede parecer, a primera vista, una despedida.Jesús asciende al cielo, desaparece de la vista de los discípulos, y ellos quedan mirando hacia arriba.Pero la Iglesia siempre ha comprendido que la Ascensión no significa que Cristo se aleja del mundo.Significa algo mucho más profundo: Cristo entra plenamente en la gloria del Padre para llenar todas las cosas con su presencia.Por eso san Pablo dice hoy que Cristo ha sido exaltado “por encima de todo” y constituido “cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo.”La Ascensión no es Cristo abandonando la tierra.Es Cristo inaugurando una nueva forma de presencia.Ya no estará limitado a un lugar físico.Ahora podrá estar presente en su Iglesia, en los sacramentos, en la predicación del Evangelio, y en la vida de los creyentes hasta los confines del mundo.Por eso el Evangelio termina con una promesa sorprendente: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”Precisamente porque asciende al Padre, Cristo puede ahora acompañar a toda la Iglesia.
May 17
4 min
No los dejaré desamparados...
El Evangelio de este VI Domingo de Pascua nos sitúa en el corazón de una de las grandes promesas de Jesús: “No los dejaré desamparados.” La Pascua inaugura una nueva forma de presencia. Cristo resucitado continúa viviendo y actuando en medio de su pueblo por el Espíritu Santo. El Señor promete “otro Consolador”, el Espíritu de la verdad, que habita entre nosotros y estará en nosotros. El Espíritu Santo no es una idea abstracta ni una fuerza impersonal, sino la presencia viva de Dios derramada sobre la Iglesia, haciendo posible que la vida de Cristo continúe tocando el mundo.La primera lectura nos muestra precisamente esta expansión de la vida pascual. Felipe baja a Samaria y predica a Cristo. Los enfermos son curados, los espíritus inmundos salen y la gente escucha la Palabra con atención. El relato concluye con una frase profundamente significativa: “Esto despertó gran alegría en aquella ciudad.” La Resurrección ya no permanece encerrada en Jerusalén; la vida nueva comienza a extenderse hacia territorios considerados lejanos o incluso sospechosos. Los samaritanos eran vistos con desconfianza por muchos judíos, y sin embargo el Espíritu Santo también desciende sobre ellos. La Pascua rompe fronteras.
May 9
4 min
Acérquense al Señor Jesús, la piedra viva!
Jesús dice hoy:“En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones.”No está hablando solo de un lugar lejano después de la muerte.Está revelando algo más profundo:Dios quiere habitar con nosotros.Toda la historia de la salvación puede leerse como el deseo de Dios de morar en medio de su pueblo. Este deseo que nos remite el jardín del Edén, donde Dios habitaba con nuestros primeros padres. Podríamos decir que, en cierto sentido, quien fue “desterrado” de ese jardín no fue el hombre, sino Dios mismo, cuyo lugar quedo vacío en el corazón de la creación.En la historia de Israel, el templo era el signo visible de esa presencia.Pero ahora Jesús revela que Él mismo es el verdadero lugar donde Dios habita.Por eso le dice a Felipe:“Quien me ve a mí, ve al Padre.”En Jesús, Dios se deja ver.En Jesús, Dios se hace cercano.En Jesús, Dios prepara una casa para nosotros.Pero la Pascua da un paso más:Cristo resucitado no solo habita entre nosotros;quiere habitar en nosotrosy hacer de su Iglesia un templo vivo.
May 2
4 min
“¿Qué tenemos que hacer?”
La primera lectura nos presenta uno de los momentos más poderosos del tiempo pascual. Pedro, lleno del Espíritu Santo, se pone de pie y proclama con valentía: “Sepa todo Israel con absoluta certeza que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús a quien ustedes crucificaron.” Hay un detalle muy importante en el texto: después de escuchar la predicación de Pedro, la multitud experimenta una profunda conmoción interior. El texto dice: “Estas palabras les llegaron al corazón.” La Palabra de Dios no se queda en la superficie; penetra el corazón y provoca una pregunta decisiva: “¿Qué tenemos que hacer?”Esa pregunta sigue resonando en toda vida cristiana auténtica. Surge cuando el Evangelio deja de ser una idea abstracta y comienza a tocar concretamente la existencia. ¿Qué debemos hacer cuando Cristo irrumpe verdaderamente en nuestra vida? ¿Cómo responder cuando su gracia nos confronta? La respuesta de Pedro es clara: “Arrepiéntanse y bautícense… y recibirán el Espíritu Santo.” Antes de hablar de acciones concretas, Pedro invita a una transformación más profunda: una conversión del corazón y una apertura a la vida nueva del Espíritu. La tradición cristiana ha expresado esta lógica con una intuición muy profunda: agere sequitur esse —el obrar sigue al ser. Antes de cambiar lo que hacemos, Dios transforma quiénes somos...
Apr 26
4 min
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