Show notes
Decía Platón que “Nada más apto que el ritmo y la armonía para penetrar en lo más recóndito del alma”. Ese ritmo y esa armonía, unidos a las más emotivas melodías, a los insustituibles actuantes y, por tanto, a sus clarividentes voces, forman parte de ese universo interpretativo o a esas interpretaciones universales que son santo y seña de la ópera.


