CállateyhazYoga
CállateyhazYoga
Jorge Caballero
Ep. 14: ¿Te sientes juzgado en la clase de Yoga?
14 minutes Posted May 24, 2016 at 11:13 pm.
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¡CállateyhazYoga episodio 14. Dale al Play!
Te dejo una transcripción del Podcast por si lo quieres leer.


Bienvenidos a CállateyhazYoga el Podcast en el que hablamos de Yoga: de la práctica, la teoría, las escuelas, los maestros, las posturas, los libros y toda lo relacionado con esta maravillosa práctica. Queremos hablar de Yoga de manera normal, con los pies en la tierra y con sentido del humor, hablar de Yoga en definitiva como si lo hiciéramos de cualquier otro tema. Soy Jorge Caballero, un practicante de Yoga más, que también imparte clases desde hace tiempo.

Hoy vamos a hablar de cómo a veces nos sentimos juzgados y juzgamos en nuestra vida y en las clases de Yoga.

Si estáis oyendo esto desde una app de podcast podéis pasaros por la web CallateyhazYoga.com ya que ahí hay más material, hay post hablando de teoría, tenéis series de Práctica completas con fotos y también tenéis mi contacto y podéis escribirme y contarme lo que queráis.

Y solo recordaros dos cosas rápidamente:

Una es que hace un par de semanas comencé a regalar con la suscripción a la Web La Guía para aprender a practicar Yoga en casa.  Son 60 páginas llenas de material para que podamos saber cómo afrontar la práctica de Yoga en casa con trucos, estrategias y consejos además de una parte de práctica propiamente dicha.  Si aún no estáis suscritos no dudéis en hacerlo porque os lleváis este regalo de bienvenida, sólo ponéis nombre y email en el formulario que veréis en cualquiera de las páginas de la Web y os la descargáis fácilmente.

Y dos solo recordaros que en un par de semanas va a estar ya disponible el curso de Yoga para gente normal. Al final va a ser más que un curso, estoy preparándolo para que sea algo más que solo lecciones así que en muuuy poco estará disponible para el que se quiera apuntar.

Como decíamos hoy vamos a hablar de cómo a veces nos sentimos juzgados y juzgamos en nuestra vida y en las clases de Yoga.

Un compromiso con la Paz de Diario

No parece muy evidente a veces, pero la paz empieza en casa, en el trabajo, con nuestros familiares y amigos, con la gente que nos rodea, y también en las clases de Yoga, con nuestros compañeros o alumnos.

Parece que todos tenemos unos ideales muy elevados en cuanto al mundo se refiere. Creemos que si nosotros gobernamos el mundo, este estaría en paz. No habría violencia y todos se sentirán seguros y tranquilos. Pero cuando gobernamos nuestro mundo alrededor puede que, si lo pensamos, no nos comportamos de esa forma tan equilibrada. Al final los gobernantes de los países hacen lo que nosotros hacemos con nuestro círculo cercano e incluso con nosotros mismos. Es decir, gestionar a lo que tenemos acceso y nos compete. Ni más ni menos.

Esos injustos casos que leemos en la prensa y vemos en televisión sobre condenas injustas que solo necesitan que se trate el tema de forma personal y se llegue hasta el fondo del asunto para saber la verdad y que tanto nos indigna, quizá lo estamos cometiendo nosotros con alguien de nuestro círculo cercano en la vida diaria o quizá en la clase de Yoga con un compañero nuestro o bien con un alumno si damos clases.

Alguien al que hemos juzgado sin casi conocer o alguien querido que parece que nos ha jugado una mala pasada. Un compañero que no termina de enterarse cómo van las cosas en clase o un alumno que miramos por encima del hombro, sintiéndonos más que ellos porque no saben tanto como nosotros o pensamos que deberían saber más. Incluso a nosotros mismos, nos ponemos en entredicho sin pestañear en nuestras acciones diarias y en nuestras Asanas de Yoga. Juzgamos sin condición, nos ha herido, no dejamos espacio para las explicaciones porque nos ha hecho daño y además parece que lo ha hecho a propósito. Juzgamos sin condición, ese alumno debería hacer mejor las posturas, tiene que practicar más, no tiene nivel suficiente para nada.
Tampoco le damos el espacio y la confianza para que se exprese o , si se la damos, escuchamos de manera superficial pues ya tenemos nuestra sentencia lista. NO TE VOY A PERDONAR, O AL MENOS VAS A PASAR UN TIEMPO EN MI “CÁRCEL EMOCIONAL”.

El alumno comprometido de Yoga

¿Que pasa cuando somos un alumno comprometido de la práctica de Yoga?

Es evidente que en determinados momentos necesitamos alejarnos de alguien para curar las heridas, pero ¿cuántas veces nos enfadamos y sentenciamos por algo insignificante? ¿cuanto espacio le damos a la gente para actuar con libertad? ¿cuantas veces creamos una prisión emocional para con alguien, que nosotros creemos muy grande, pero no deja de ser una prisión en la que esa persona no se puede mover y se está inmovilizada? Si creamos prisiones emocionales para la gente cercana, por muy grande que sea esta, al final es no dejar vivir, es no dar libertad.
Igual que en la clase de Yoga, los alumnos más comprometidos, pueden sentir que fallan al profesor si no hacen determinadas cosas bien. Se sienten como en una celda de Yoga, en la que saben qué se puede y qué no se puede hacer. ¿quizá preguntar algo al profesor le sentara mal? Si pensáis que un alumno vuestro se pregunta tal cosa, no sois profesores, sois alcaides: profesión respetable, eso si, pero tienes que saber a lo que te dedicas.

Estar en Paz con nosotros y con nuestro Yoga

Lo primero que deberíamos hacer sería identificar si estamos en paz con nosotros mismos pues si no, es difícil estarlo con otros. En un sentido práctico, del día a día. ¿vivo condicionado por algo que no hice bien? ¿me castigó por ello? ¿pienso que no merezco esto o aquello por algo que no hice como debía? ¿me dejo espacio y libertad? ¿Soy capaz de perdonar-me algo que hice? Y una vez más, ¿me dejo espacio y libertad a mi mismo? No hablo de ser un indolente. Hablo de que, si hay algo con lo que no estamos de acuerdo en cómo hemos obrado, lo inteligente no es castigarse uno mismo, sino tratar de aprender, dejarse sitio para la equivocación, darse cuenta de qué podemos mejorar, cómo podemos obrar la próxima vez que nos encontremos ante una situación similar y tratar de cambiarlo. No podemos estar en guerra con nosotros mismos. No podemos meternos en una prisión, enfadarnos, castigarnos y hacernos daño. Si hacemos esto nos convertiremos en nuestros propios carceleros. Siempre tendremos una carga con nosotros. Algo que te pesa, que no te deja avanzar. Si en cambio nos dejamos sitio, nos queremos, nos hablamos con amor y estamos en paz con nosotros mismos, podremos relacionarnos de un modo más provechoso, consciente y amistoso con todo lo que nos rodea. En la práctica de Yoga sucede lo mismo, pues cuando queremos mejorar a veces nos parece que no avanzamos, que no mejoramos, y nos enfadamos y practicamos contra una postura y no con la postura. Comienza a ser un combate contra las posturas en vez de un desafío y un equilibrado reto con ellas. En una lucha siempre hay un perdedor, en un compromiso con algo o alguien siempre se pulen cosas, se mejoran, pero el objetivo es la mejora y la trascendencia. Así que debemos establecer un compromiso con las Asanas pero no un combate. Mediante el compromiso, la transformación llegará, con la lucha, solo llegará la desesperación. Así que como decía Swami Sivananda, entramos en una relación de cooperación y no de competencia.

Motivación en la clase de Yoga

La Paz comienza en casa dejando que cada uno sea, se mueva a su ritmo, a su aire, haciendo sentir bien a la gente que nos rodea, poniéndoselo fácil, tendiéndole la mano, comprendiendole y no juzgando en primera instancia. Igual que en las clases de Yoga.

Como profesores deberíamos hacer sentir al alumno respaldado, motivandole hasta el infinito con las palabras adecuadas, animándole a hacer las cosas mejor desde el convencimiento de que, si así se hace, la práctica calará en nuestro si-mismo interior. Y así nos deberíamos sentir como alumnos y compañeros, apoyados por quienes tenemos al lado y por el profesor para que despierten lo mejor de nosotros, para que queramos mejorar no por lucha, si no por compromiso. Por cooperación, no por competencia. Pero esto es difícil. Es más fácil decir malas palabras, vacías de sentido profundo y hacer ver que el que tienes al lado como compañero o como alumno, está a un nivel inferior o no merece tal o cual cosa. ¿Quien puede hacer eso? cualquiera, eso está chupado, no requiere de ningún esfuerzo, ningún reto ni compromiso. Las malas palabras son fáciles de decir pero difíciles de digerir para quien van dirigidas. ¿Sirve de algo desmotivar a un alumno o compañero? ¿creemos que así mejorará?

Imaginaos un concurso de cocina. Podemos actuar como en los concursos de la tele donde se pasa muy cerca de la línea de la humillación cuando el concursante no ha hecho bien la comida. Se le dicen cosas como que no debería estar en ese programa, o en esa clase de yoga, que no tiene nivel suficiente, que no es nada a nuestro lado porque hemos cocinado con los mejores. El que recoge esas palabras muchas veces lucha y mejora, pero siempre estará herido porque las malas palabras llegan muy dentro. Lo difícil es coger a alguien que ha hecho esa malisima comida y motivarle de verdad, para que mejore, para que se esfuerce más. Utilizar todos nuestros recursos de super Profesor o Super cocinero para trasladar de alguna manera nuestra visión de las cosas al alumno, a fin de que vea cómo se puede mejorar y cómo esa mejora va a hacer que todo cambie a nuestro alrededor. Pero a veces no tenemos suficiente. Por mucho que haga la persona que tenemos al lado, siempre le pedimos más, solo nos interesa lo que esa persona puede hacer por nosotros, sin darnos cuenta de que quizá la prisión en la que le hemos metido hace precisamente que no pueda ayudarnos o ayudarse más. Es quizá esa persona la que necesita de nuestra ayuda y no nuestro egoísmo o mala leche.

Si nos sentimos juzgados como alumnos nunca mejoraremos para nosotros, si no para los demás. Y eso, siempre, siempre, tiene un límite. Antes o después la gente cede a la presión o al desánimo y caerá.

Creando un entorno favorable en las clases de Yoga

Pero ¿y si crearamos un entorno a nuestro alrededor de confianza, respeto, libertad y también de compromiso y cooperación? Un entorno en el que la gente se sienta apoyada, en la que les motivamos, les decimos en qué tiene que mejorar y cómo hacerlo, les damos libertad para equivocarse aunque le mostremos el camino que creemos correcto. Imaginaos en una clase de Yoga. Nos apetecería ir porque no estaríamos subyugados a los deseos del profesor sino que iríamos con el placer del que va a aprender, a mejorar, con alguien que le enseña y le da alas para que llegue a donde necesite. ¿Estrujas a la gente que tienes al lado? ¿a tus alumnos? ¿o se sienten abrazados por ti y por tu enseñanza?

Tengo una Alumna que práctica con mucho tesón. Estuvo muchísimo tiempo practicando duro. Pero pasó a ese estado donde la exigencia va demasiado a la emoción, a la competencia, en este caso con ella misma. Ojo, no hablo de la exigencia del que práctica 10 horas, eso está genial, pero podemos practicar 10 horas exigiendonos el máximo con objeto de mejorar, pero también podemos practicar media hora y que la exigencia sea con objeto de que si no mejoramos, no estamos a la altura de lo que se nos pide o nos pedimos a nosotros mismos. El caso es que esta alumna, que si me oye seguro que se reconoce, estaba en ese punto de exigencia sin sentido. Ese en el que te sientes mal. Venía observándolo un tiempo sin decir nada porque creo que un tiempo está bien hacer sea lo que sea. Pero llegó un momento que no estaba disfrutando, era una lucha con las posturas, nada de disfrute, nada de cooperación con el Asana, era solo lucha. Solo se me ocurrió decirle una cosa, le dije: aquí nadie te juzga, yo al menos no, solo quiero que aprendas pero no te juzgues, yo tampoco lo voy a hacer. Y misteriosamente desde ese día le cambió la cara, mejoró la práctica y creo que aún se esfuerza más pero desde otro sitio, no desde el juicio, sino desde la comprensión de las posturas. Ojo, no digo que no espabilemos a los alumnos o incluso compañeros cuando veis que la atención disminuye en clase, yo elevo la voz el primero cuando hay que hacerlo y me pongo serio para que la atención perdida vuelva a su lugar. Hay que corregir duramente, pero con amor. Debemos ser útiles para los demás, no juzgarlos. Eso es fácil, lo puede hacer cualquiera, lo otro no.

Hay una verdad con mayúsculas en el universo: CUANTO MÁS ESPACIO Y LIBERTAD DAS A ALGO O A ALGUIEN, MÁS SE ACERCARÁ A TI. CUANTO MEJOR TRATES A ALGUIEN, MÁS SE ACERCARÁ A TI.DEBEMOS ESTAR CON LAS PERSONAS QUE NOS TRATAN BIEN. QUE NOS BRINDAN MENSAJES POSITIVOS. QUE NOS DAN ESPACIO Y LIBERTAD.

Hace un símil Sogyal Rimpoché en su magnífico texto “el libro tibetano de la vida y de la muerte”. En el indica que si tenemos una moneda en la mano podemos apretar la moneda fuertemente para que no se caiga, cerrando mucho el puño para que ni se mueva. Pero también podemos tener esa moneda sin tanta fuerza, solo hay que darle la vuelta a la mano, con la palma de la mano hacía arriba y podremos abrirla sin peligro a que se caiga. ¿Podemos hacer eso con la gente que nos rodea? ¿Con nuestros compañeros de práctica y alumnos? ¿estamos en guerra o en paz con nuestros compañeros de práctica y alumnos? ¿estamos juzgando a nuestros alumnos o damos lo mejor de nuestro saber hacer para que, sintiéndose respaldados por nosotros mejoren?

Y aunque es evidente que es más fácil ponerlo por escrito en un papel que practicarlo a diario, es precisamente esto para lo que estamos aquí. Hay pocas cosas más seguras en la vida como el hecho de que nos relacionamos cada día con un sinfín de personas, de mayor o menor confianza e intimidad.

No importa mucho si vemos luces en los demás. No importa mucho quien fuimos en otra vida aunque eso pudiera ayudarnos en nuestra andadura de hoy, no podemos buscar la espiritualidad fuera de nuestro dia a dia, de la relación que tenemos con nuestras relaciones, ni del comportamiento que tenemos con los demás. Todo nace con la capacidad de llevar Paz y Amor a los demás. Comprensión, ánimo y mensajes positivos. No importa si podemos volar o si en otra vida fuimos un emperador romano si no tenemos la capacidad de desprender comprensión a nuestro alrededor. El rencor no es amor, es otra forma del odio.

Una invitación para la Paz

Así es que nos invito a echar un vistazo sobre cómo nos relacionamos para con los demás en las clases de Yoga, como alumnos y compañeros, pero también como profesores. Nos invito a echar un ojo y ver si estamos en guerra o en paz. Recordemos que todas las guerras son “justificadas”. Con lo que debemos ver si estamos justificando nuestra guerra personal con tal o cual persona y nos invito  a que tendamos la mano e intentemos comportarnos la paz con quien está cerca de nosotros. Que intentemos vivir de acuerdo con esa Paz que en tan altas miras tenemos para algunos propósitos. Gestiona en la Paz lo que tienes a tu alrededor, no esperes a ser el presidente de algún país para hacerlo. Eres el presidente de tu propia vida y de tu propia clase de Yoga. Al final, esto es lo único que importa.

Siempre recuerdo las palabras del Maestro Budista Thich Nhat Hanh cuando dice: No hay un camino para la Paz. La paz es el Camino.


Y nada más, llegamos así al final de este episodio en el que hemos hablado un poco acerca de cómo a veces nos sentimos juzgados y juzgamos en nuestra vida y en las clases de Yoga.

Espero que me sigas acompañando en este pequeño y humilde viaje de Yoga y que podamos seguir aprendiendo juntos todos porque al final ese es el objetivo del Yoga y de la vida.

Ya sabéis que si tenéis cualquier consulta o sugerencia será bienvenida y  podéis pasaros por la web y dejar un comentario sobre lo que opinas de lo que hemos visto hoy, que mola ver lo que otros Yogis y Yoginis opinan.

Nos escuchamos la semana que viene.

Es todo por hoy

Hari Om Tat Sat!

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