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—Maestro, ¿cuántos se salvarán?
El Galileo se puso en pie y, ante mi asombro, dijo cosas como éstas: «Se os
ha enseñado que sólo los hijos de Abraham serán salvados… Y se os ha dicho
que los que podrán entrar en el reino de los cielos serán muy pocos… Hay un
dicho popular que dice que el camino hacia la vida eterna es recto y
estrecho… Por el contrario, la senda que conduce a la destrucción es ancha y
cómoda… Esta última es muy frecuentada… Pues bien, yo os declaro que la
salvación —sobre todo— es un asunto de elección personal…».



