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A través de nuestra naturaleza caída del pecado, nos identificamos como "en Adán". A través de la obra redentora de la Cruz, ahora estamos "en Cristo". Ya no tenemos que buscar la identidad en Adán o en lo que hacemos, sino que todo lo que debemos hacer es comprender la identidad de Cristo y aprender a llevar la imagen de Cristo como una luz en una colina para que todo el mundo la vea.

