Show notes
Hoy, me fijo en una paradoja de nuestra epoca: convive el relativismo con la tentación constante de absolutizar los gustos.
Curiosamente, aceptamos que todo el mundo piense lo que le da la gana en relación con temas trascendentales como la eutanasia o el transhumanismo, pero a la vez nos empeñamos en imponer al mundo entero un gusto único acerca del mejor restaurante del mundo, del mejor futbolista de la historia o de la mejor peli del siglo.
¿Tiene consecuencias esta confusión?
¿Qué podemos hacer para evitar esta trampa?



