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Cuando un fariseo le pregunta a Jesús : “¿Cuál es el gran mandamiento de la ley?” Jesús responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mat En un mundo donde la gente es egoísta y se preocupa muy poco por los demás, cualquier conversación que trate del amor propio puede hacer sentir incómodo a un cristiano. ¿Acaso la Biblia no me llama a negarme a mí mismo y a poner a los demás primero? Sí, lo hace. ¿Acaso la Biblia no dice que el propósito de la vida es glorificar a Dios? Sí, lo dice. Pero estas verdades no pueden descartar la intención de Jesús en Mateo Jesús presupone que nos amamos a nosotros mismos, y no condena todas las formas de hacerlo, por lo tanto debe haber una manera bíblica de pensar en el amor propio. Es entendible que el cristiano se sienta incómodo al hablar del amor a sí mismo; nuestro mundo está repleto de personas que son fundamentalmente egoístas. Pero hay una manera correcta (bíblica) y una manera incorrecta (anti-bíblica) de amarnos a nosotros mismos.



