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Dos peces jóvenes se cruzan por el mar con un pez viejo que les pregunta: ¿Cómo está el agua? Ambos se quedan sin saber qué responder y más tarde uno le dice al otro: ¿Qué demonios es el agua? Es la parábola inicial del discurso de graduación del escritor David Foster Wallace, que le sirve al investigador Pedro Bravo para recordarnos que a veces las realidades más obvias son a menudo las más difíciles de ver y de explicar. El agua en el que nadamos, la ciudad que habitamos, es nuestro medio necesario pero no terminamos de ser conscientes de su importancia.Antes todo esto era ciudad, ahora es otra cosa: una marca, un no lugar, el tablero de un juego especulativo en el que ganan sólo unos pocos, una mina de la que extraer datos y recursos, un lugar común en el que vivimos solos, separados y enfadados unos con otros. Es el reverso tenebroso, escribe Bravo, del modelo económico que nos rige, por eso, atender y entender la ciudad es el primer paso para recuperar una realidad que se ha vuelto extraña, para rehabitar "un hogar" que a lo largo de la historia ha sido nido de infinidad de soluciones sociales, culturales y políticas, su alimento ha sido la virtud de estar, crear, pensar y hacer cosas juntos a pesar de nuestras diferencias. Hoy encendemos el fuego de la cueva para iluminar la ciudad, para dar luz a los planos de un futuro conveniente, útil y provechoso pero también fruto de la armonía y el acuerdo. Lo hacemos abriendo las páginas del maravilloso ensayo Antes todo esto era ciudad. Por qué la vida urbana se ha vuelto extraña y qué podemos hacer para transformarla.Con Jaime García Cantero ponemos coordenadas a la neurotecnología, y en nuestro túnel del tiempo nos reencontramos con el gran sapiens de las letras Octavio Paz en el aniversario de su nacimiento.



