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Este año, aunque Singapur registró récords de calor con temperaturas no vistas en cuarenta años, sus habitantes sufrieron poco, ya que la ciudad se ha adaptado con éxito al calentamiento global. La ciudad-estado defiende la ventilación natural, las calles arboladas y los edificios más eficientes energéticamente. Esta política cuenta con el apoyo de los niveles más altos del Gobierno, lo que convierte a Singapur en la metrópolis más verde del mundo y en un laboratorio para la ciudad del futuro.


