Show notes
El dragoneante Manrique quedó haciendo guardia en una de las muchas sillas que había en el pasillo, era medianoche y el cansancio ya empezaba a manifestarse
en su mirada y en la manera de abrir y cerrar los ojos cada vez más lento, mientras Manrique intentaba mantenerse despierto se le acercó una monja muy amable a ofrecerle un té caliente para que recobrara energía...


