“El lenguaje construye realidad”, la frase no tiene nada de nueva y lo más probable que usted la haya escuchado millones de veces. Pero el punto es que es totalmente cierto esto, y ahí es donde yo me hago la siguiente pregunta: ¿Cuántos de nosotros realmente evaluamos el impacto de lo que decimos, cómo lo decimos y a quién se lo decimos?. Esta semana se iniciaron las sesiones de la tan esperada Convención Constituyente, y la gente sin censura opinó y en varias de esas opiniones se utilizaba para descalificar y señalar que la Convención Constituyente era un verdadero “Circo” refiriéndose al desorden y a la poca claridad y acuerdo de sus acciones y además se señalaba a los constituyentes como verdaderos “Payasos”, queriendo representar con esto la poca seriedad y prolijidad con el que estaban haciendo su trabajo y me hice la pregunta de: ¿Cómo se sentirá un circense y un payaso cada vez que lo utilizan para referirse a los errores especialmente del mundo político? ¿Le causará gracia?, ¿se sentirá honrado? ¿O se sentirá denostado?, ¿Por qué utilizamos a los circos y a los payasos para descalificar?. Detrás de cada Circo hay personas que tienen que vivir con el estigma de que su arte y modo de vida se utilizado para visibilizar los errores de otros. ¿Es esto justo?, ¿Qué hizo el Circo y los payasos para ser tratados tan irrespetuosamente?



