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En la Anunciación, el Mensajero de Dios la llama “llena de gracia” y le revela este proyecto. María responde “sí” y desde este momento la fe de María recibe una luz nueva: se concentra en Jesús, el Hijo de Dios que de ella ha tomado la carne y en la que se cumplen las promesas de toda la historia de la salvación. La fe de María es el cumplimiento de la fe de Israel y, en este sentido, es el modelo de la fe de la Iglesia, que tiene como centro a Cristo, encarnación del amor infinito de Dios.



