Show notes
Vivimos en un mundo obsesionado con hacer.
Hacer más.
Producir más.
Trabajar más.
Lograr más.
Y muchas veces llevamos esa misma mentalidad a nuestra vida espiritual.
Queremos servir.
Predicar.
Dirigir.
Enseñar.
Evangelizar.
Pero olvidamos algo fundamental:
Antes de que Dios nos llame a hacer algo para Él, nos llama a estar con Él.
Y cuando olvidamos esa verdad, terminamos agotados espiritualmente.

