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Cada vez que viajamos a un país diferente, nuestro pasaporte se llena de marcas, de estampas, de grabados, pero hay personas que definitivamente llegan a cualquier parte del mundo a plasmar su firma independientemente del lenguaje o de su idioma.
Es ese intercambio de manifestaciones lo que hace interesante vivir como emigrante y Luza Medina es un ejemplo de ello.
Pudo haber cambiado su horario de dormir, su manera de leer y de escribir o cambio la arepa por un plato difícilmente de pronunciar pero lo que ella nunca cambio fue su "Sello Cultural".


