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Dios nos llama a ser reyes y sacerdotes, que tu prioridad no sea el Trono, el ser reconocido, el ser servido. Que tu prioridad sea ser sacerdote de Dios, trabajando en el anonimato, intercediendo por que el mundo espiritual sea movido y el Reino de Dios siga avanzando. Trabaja en el anonimato y Dios te recompensará en lo público.



