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No existe envidia sana, la envidia es envidia y nos llevará a la perdición, si en nuestro corazón y mente seguimos actuando de mala fe.
La envidia corroe hasta las huesos, la mente sana vivifica al cuerpo, dejemos de actuar con envidia, más bien busquemos las cosas buenas que nos contribuirán al crecimiento espiritual y así seremos salvados por Dios.
Es momento de dejar atrás estas actitudes, hablando de más o deseando el bien del prójimo, reconocer que con Dios NADA NOS FALTARÁ



