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Las palabras tienen una influencia más importante de lo que pensamos. Hoy quiero compartir dos experimentos que demuestran el increíble poder de la palabra.
El primero, realizado por el científico japonés Masaru Emoto, reveló que las palabras pueden alterar la estructura molecular del agua.
El segundo, llevado a cabo por la empresa IKEA, demostró que las plantas crecen de acuerdo con la calidad de las palabras que reciben.
Estos resultados nos invitan a realizarnos ciertos cuestionamientos: ¿Cómo me hablo a mí mismo? ¿Cómo le hablo a los demás? ¿Utilizo palabras que sean nutritivas y promuevan el crecimiento?



