En mi taller de sueños hacemos un ejercicio muy bonito de conexión con el niño que fuimos y generalmente es un momento muy especial. Sin embargo, hace poco, entendí el verdadero significado del niño interior del que tanto hablamos; estuve con un amigo que después de muchos años se encontró con su propia mirada en una pequeña foto y en medio de su vulnerabilidad sólo pudo preguntarse si estaba haciendo las cosas bien, si sus decisiones eran las correctas y sobretodo si ese chiquito estaría orgulloso del adulto en el que se había convertido. La respuesta sólo la tiene él mismo, en el fondo uno siempre sabe y también siempre se puede retomar el camino de vuelta a nosotros mismos, con la mirada de ese niño como faro, sin culpa y con la determinación de poderse encontrar de nuevo con esos ojitos, sabiendo con certeza que nuestros pasos han sido fieles a lo que somos y queremos.


