Hoy hablaremos junto a Maribel Bofill y Mireia Gallego de la Puella romana. Una Puella era una mujer de entre 7 y 12 años. En aquella época La aspiración de toda niña romana era ser una buena madre y esposa y, a diferencia de los varones, eran instruidas con este propósito. Según Juan Crisóstomo (o Juan de Antioquia) «El papel fundamental de la mujer es ocuparse de sus hijos, de su marido y de su hogar. La actividad humana se divide en dos esferas; una perteneciente a la vida fuera del hogar y otra dentro de él; lo que podríamos denominar esfera pública y privada. Las mujeres han de encargarse de la casa y los hombres de los asuntos públicos, de los negocios y de las actividades legales y militares, es decir, de la vida fuera del hogar. Una mujer no puede arrojar una lanza o disparar una flecha, pero, en cambio, puede hilar, tejer telas y encargarse de todo el resto de tareas domésticas y hacerlo espléndidamente. No está capacitada para hablar en el concejo municipal, pero puede dar su opinión en lo tocante a asuntos domésticos. Es una hermosa tarea educar bien a los hijos, que son la luz de nuestra vida. Puede hacer que el hogar funcione correctamente y elimina todas las preocupaciones y libera a su esposo de todos los problemas al ocuparse de la despensa, de hilar la lana, de cocinar, de la ropa y de todo el resto de tareas impropias de los maridos.». En un mundo donde la mujer era vista de esta forma, hablaremos de cómo era instruida una puella de 12 años.