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Dios conoce perfectamente nuestra condición de esclavos, obedeciendo a cualquier otra persona que no sea Dios. A esto es a lo que llama Dios desobediencia. Así pues, aquel terror en el Edén nos convirtió a todos en esclavos de la desobediencia. Traemos el gen de la desobediencia en la sangre. De esto nos quiere libertar Dios para que le obedezcamos a Él.

