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"¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?"
(Lc. 24,26)
Piensa en algunos de los acontecimientos dolorosos de tu vida. ¿Cuántos de ellos son hoy para ti motivo de agradecimiento por haberte servido para cambiar y crecer?. Hay aquí implícita una verdad elemental de la vida que la mayoría de las personas no llega nunca a descubrir . Los acontecimientos afortunados hacen la vida más placentera, pero no son causa de autoconocimiento, de crecimiento, de
libertad. Éste es un privilegio reservado a aquellas cosas, personas y situaciones que nos ocasionan algún dolor.



