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A fines del Siglo XVI, España por fin se había establecido en Asia Oriental. El reino ibérico era, sin dudas, la gran potencia del mundo lo que, lógicamente, por lo que el resto de los Estados se sentían claramente intimidados (y con razón). Uno de estos Estados intimidados era Japón, que estaba saliendo de un período de enorme división y violencia que se conoce como Sengoku. El unificador de Japón, Tokugawa Ieyasu, intimidado como estaba por la presencia española en Asia oriental, va a autorizar a uno de sus subordinados a efectuar un intento de aproximación a España, con el fin de establecer algún lazo comercial que diese seguridad al País del Sol Naciente. El subordinado de Tokugawa, llamado Date Masamune, va a enviar una embajada desde Japón directo a la corte de Felipe III, que va a ser conocida como la "Embajada Keicho", el último intento de Japón de abrirse al mundo.

