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En estos tiempos de tantas aflicciones, pidámosle a San José que, así como él fue consolado por el pequeño Jesús al darle el nombre, sea el mismo Señor el que nos consuele en nuestros dolores y luchas al pronunciar, tantas veces sean necesarias, su santo nombre y aprender a acudir a Él en todos los momentos del día.
¡Roguemos al Señor!



