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En nuestras relaciones en la iglesia somos expertos en dar diagnósticos superficiales. Cuando ofendemos a alguien, preferimos decir: "Es que andaba estresado" o "Fue un malentendido". Eso es tapar la raíz. Bajar la guardia implica dejar de justificar el síntoma y confesar la causa real diciendo: "Perdóname, reaccioné con orgullo y pequé contra ti".Echarle la culpa al otro es el mecanismo adámico por excelencia para quedar como el bueno de la película. En los conflictos de la iglesia, es fácil decir: "La culpa es del carácter de tal hermano" o "El líder es el problema". Transferimos la responsabilidad para proteger nuestro ego. Detener el conflicto requiere que dejemos de apuntar hacia afuera y miremos nuestro propio corazón.Predicador: Pastor Alejandro LaraTexto base: Génesis



