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Dios enseña a Su pueblo a través de actos cotidianos que lo impuro no puede tener comunión con lo Santo. Dios muestra como nuestras responsabilidades individuales tienen consecuencias comunitarias, y como nuestra obediencia a Dios es también adoración.
Texto Bíblico: Levítico 13.1-59 y 15.1-33.



