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Después de un tiempo de 21 días de ayuno e intimidad con Dios, personal y corporativo, tienen que manifestarse frutos en cada uno de nosotros: Un mayor crecimiento, una mayor madurez, una mayor autoridad, una mayor fe, un mayor propósito, un mayor nivel de oración. ¡No podemos seguir siendo los mismos!. Pero ese crecimiento, esos frutos, sólo se manifestarán en nosotros si estuvimos dispuestos a ser procesados en humillación, obediencia y dependencia.



