Isaías 55, 10-11
“así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí de vacío, sino que cumplirá mi voluntad y llevará a cabo mi encargo”
- La palabra de Dios es mediadora entre Dios y el hombre, permite encontrarlo en su “cercania” y no sentirlo ausente en su “lejania”. La Palabra no es letra muerta, es una realidad viva, enviada del cielo para revelar y llevar a cabo la salvación. Cristo es la Palabra omnipotete hecha carne, enviada por el Padre de los cielos para que nuestra tierra dé su fruto. Él es el Verbo eterno venido a la tierra, muerto en su cruz y resucitado, para abrirnos a todos, hijos rebeldes, el camino inesperado del retorno a la morada de Dios, su Padre y nuestro Padre.
Mateo 6, 7-15
“Y al orar no os perdáis en palabras como hacen los paganos, creyendo que Dios los va a escuchar porque hablan mucho… ya sabe vuestro Padre lo que necesitáis antes de que vosotros se lo pidáis…”
- Mientras que los paganos piensan que hay que multiplicar las palabras para atraer la atención de la divinidad y doblegarla a los propios fines, Jesús revela que Dios es Padre, siempre presente para cada uno de sus hijos que conoce bien sus necesidades reales. No sirven por eso largos discursos, sino más bien redescubrirse como hijos. Jesús, hoy nos introduce en esa intimidad que Él tiene con el Altísimo invitándonos a llamarle “Abba” – Padre.
- Esta oración que ya recitamos muchas veces de memoria y que no le prestamos atención a lo que estamos pidiendo, se divide en siete peticiones que se agrupan en dos recordando las dos tablas de la Ley. Las primeras tres peticiones se refieren a Dios y a su designio salvífico; las otras dirigen su atención a las verdaderas necesidades del hombre.
- El nombre de Dios ya es santo, pero Jesús quiere que se reconozca como tal, santificado por todos mediante una vida de adoración. El Reino de Dios ya esta presente pero es preciso que cada uno acete el señorío de Dios en la propia vida. La voluntad de Dios ya se cumple pero se nos pide que nos adhiramos a ella. Le pedimos que nos de el Pan de la vida futura, el mismo Jesús, Pan vivo. Tenemos necesidad del perdón de Dios para entrar en el Reino, pero no podemos pedir que nos perdone si negamos el perdón a nuestros hermanos. Haz que frente a las grandes pruebas de la vida, la fe no dude de tu bondad de Padre. Libranos del mal. No podemos llamar a Dios “Padre” si no vivimos entre nosotros como hermanos, si no queremos conformar nuestro rostro al suyo, que es infinita misericordia.
Nuestra oración es muy a menudo, una petición de ayuda en momentos de necesidad. Y esto es normal para el hombre porque necesitamos ayuda, necesitamos de los demás, necesitamos de Dios. Así es que para nosotros es normal pedirle algo a Dios, buscar su ayuda; y debemos tener en cuenta que la oración que el Señor nos enseñó: el "Padre nuestro" es una oración de petición, y con esta oración el Señor nos enseña la importancia de nuestra oración, limpia y purifica nuestros deseos, y de este modo limpia y purifica nuestro corazón. Así es que, si de por sí es algo normal que en la oración pidamos alguna cosa, no debería ser siempre así.



