Horizonte
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Seminario Interdiocesano María, Madre de la Divina Providencia
Sábado después de Ceniza
11 minutes Posted Feb 25, 2023 at 8:00 am.
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Isaías 58, 9b-14

“El Señor te guiará siempre, te saciará en el desierto y te fortalecerá. Serás como un huerto regado, como un manantial inagotable; reconstruirás viejas ruinas, edificarás sobre los antiguos cimientos; te llamaran ‘reparador de brechas’ y ‘restaurador de viviendas en ruinas’… El Señor será tu delicia”

-  Llevamos ya cuatro días de este camino cuaresmal, y ya se nos invita a estar conscientes de que el Señor no nos deja solos. Porque en nuestra humanidad podremos caer en pensar que este ayuno, esta oración o esta limosna que hago no tiene ningún sentido o inclusive llegar a sentirse solo sin la compañía de Jesús. En esta primera lectura nos encontraremos con 4 puntos: conversión interior (caridad fraterna), promesa de comunión con el Señor y de restauración del país, el respeto del sábado y la promesa. El Señor nos invita a quitar del medio todo lo que nos divide, la opresión, las falsas acusaciones en los tribunales, la difamación) para luego construir la comunión nivelando las diferencias sociales. Si sacias “de ti mismo” a tu hermano en dificultad, el Señor te saciará.

Lucas 5, 27-32

“No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.”

-  La llamada de los primeros discípulos, gente ruda y sencilla; la curación del leproso, sin temer la impureza legal; el perdón de los pecados y la curación del paralítico: todo esto va revelando el rostro desconcertante del Maestro. Jesús ha mostrado su libertad soberana de sus elecciones, ha escogido a un hombre despreciable por su oficio de recaudador y colaborador con el odiado gobierno romano, una libertad liberadora porque brota del amor. Observemos tres verbos que encontramos en el v.28: “dejándolo todo” toda atadura, toda cadena o peso, “se levantó” (anastás – en griego el mismo verbo usado para la resurrección de Jesús) “y lo siguió”. La liberación y la resurrección a una nueva vida se orientan a seguir a Jesús, a la misión. El hombre pecador, tú y yo, es llamado por la Misericordia a la conversión para gustar la comunión de Dios. Leví no desaprovecha la oportunidad y muestra la misericordia de Dios en su vida haciendo un banquete para compartir con los demás la alegría de este encuentro buscando la conversión de gracia de muchos.

La salvación puede entrar en el corazón cuando nosotros nos abrimos a la verdad y reconocemos nuestras equivocaciones, nuestros pecados; entonces hacemos experiencia, esa bella experiencia de Aquel que ha venido, no para los sanos, sino para los enfermos, no para los justos, sino para los pecadores. Experimentamos su paciencia --¡tiene mucha!--, su ternura, su voluntad de salvar a todos. Y ¿cuál es la señal? La señal es que nos hemos vuelto ‘nuevos’ y hemos sido transformados por el amor de Dios. Es el saberse despojar de las vestiduras desgastadas y viejas de los rencores y de las enemistades, para vestir la túnica limpia de la mansedumbre, de la benevolencia, del servicio a los demás, de la paz del corazón, propia de los hijos de Dios. El espíritu del mundo está siempre buscando novedades, pero solo la fidelidad de Jesús es capaz de la verdadera novedad, de hacernos hombres nuevos, de recrearnos. (Homilía de S.S. Francisco, 21 de junio de 2015).