Florencia Leaño no llegó al TDAH por un estudio… llegó por amor. Primero fue su hijo. Después, su esposo. Y ella enfrentando un sistema que estigmatiza lo que no comprende.Este episodio no habla de etiquetas, habla de posibilidades. Florencia nos lleva al corazón del diagnóstico, del miedo de muchas madres, del cansancio de sentirse solas y del poder real que aparece cuando una familia se atreve a mirar diferente.Aquí no hay frases motivacionales, hay una verdad cruda: hay niños que no alcanzan a autogestionarse. Pero eso no los hace menos. Solo necesitan otro tipo de acompañamiento. Más humano. Más presente. Más valiente.Un capítulo que desarma prejuicios, devuelve esperanza con evidencia, y deja claro que la neurodivergencia no es un obstáculo para amar… es una oportunidad para aprender a hacerlo mejor.



