Show notes
Ya lo decía David Civera, poeta incomprendido de nuestros tiempos: “que la detengan, es una mentirosa, malvada y peligrosa, yo no la puedo controlar”. Pues efectivamente, la mentira duele. Enfada. Engarrota. Decepciona. La mentira rara vez gusta para quien la descubre, pero surte de defensa, escudo y refugio para evitar conflictos en la mayoría de las ocasiones para quien la controla a su antojo.

