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Más que una realidad digamos que la justicia es una aspiración humana. Algo hemos aprendido, en nuestra defensa diré, desde que tribus de la prehistoria se mataban a hachazos por un cacho de carne. O quizá no. Hoy, jueces y abogados, fiscales y acusados, dirimen entre todos qué es justo y qué castigable, un sistema enrevesado a tope pero que marca claramente nuestro día a día.

