Show notes
Una calle empinada y repleta de piedras gigantes que hace imposible que un carro pueda transitarla. Un candado que se rompe y una puerta que se abre. Dedos llenos de pintura. Esas son las imágenes que mantengo de un recuerdo muy viejo. Un recuerdo de una travesura. Quizá la más cruel y más hermosa travesura que haya hecho.



